El cambio

Hay tanto escrito sobre este tema que parece que todos lo hemos vivido y superado, pero en verdad a lo que nos enfrentamos y por eso se sigue hablando del cambio, es a que no queremos cambiar cuando hay cambio, y esto, claro está, tiene sus consecuencias.

Para la mayoría de los mortales el cambio es un fastidio. Nos gusta nuestra rutina, nuestras costumbres y nuestros detalles. “Yo no quiero cambiar pero quiero que cambie mi situación: estar mejor reconocido, ganar más, tener un futuro provechoso, una vida satisfactoria, que la empresa prospere…”

Resulta paradójico desear una cosa y la contraria al mismo tiempo. Por tanto, si reconocemos que una situación tiene que cambiar, hemos de saber adaptarnos; o, de lo contrario, dejar de quejarnos y de sufrir.

Ahora bien, si no aceptamos que deba haber cambio alguno, no querremos cambiar; y si el cambio llega, sencillamente, nos quedaremos fuera y sucumbiremos.

La naturaleza es el ejemplo más claro de ello: “Quién no se adaptó, murió”.

El cambio externo no lo define el individuo ni las razones de si es adecuado o no; hay que saber detectarlo, por medio del análisis, la reflexión y como no, por la intuición, para “ponerse a salvo”.

Pero el verdadero cambio no está en detectar lo que ocurre externamente, sino en reconocer que hemos de cambiar para poder avanzar; aprovechando la situación para crecer y disfrutar. Ese es el momento en que empieza nuestro verdadero cambio: el interno.

Cambio donde dicen que las personas no cambian pero evolucionan, ganando derechos y oportunidades, sacando lo mejor de uno, rompiendo sus miedos, sus temores y creciendo en la vida.

Sepamos detectar y sacarle partido a los cambios externos para cambiar internamente, adaptándonos y ganando más habilidades para saber movernos en situaciones no estables o desconocidas, lejanas de nuestra rígida rutina. Y para poder detectarlos, es preciso estar abierto, sin miedo a formarnos en otras disciplinas, haber aprendido de otras situaciones y haber asumido que las cosas se “mueven”. Esta circunstancia de desarrollar conocimientos y habilidades nos estimulará para implantar estas destrezas en los cambios y, así también, tener opciones que rompan los statu quo.

A medida que progresemos en habilidad y desarrollo de mente, demandaremos el cambio para obtener el disfrute del uso del nuevo conocimiento adquirido y, la satisfacción de espíritu de nuestra evolución.

Quien no acepte este hecho, rechazará el cambio y con él, de alguna forma, se extinguirá.

Sepamos que las cosas, como la vida, son dinámicas, y que con ellas, hemos de avanzar. Del  mismo modo, cambiemos nosotros y las cosas también cambiarán; pues actuando diferente, con nuevos aprendizajes y técnicas, tendremos acceso a nuevos mundos. Los cambios son opciones donde mostrar nuestra preparación y, por ende, ganar o perder.

Estemos preparados para lo inevitable: ¡todo cambia! Y en este hecho, si estamos preparados, está nuestra oportunidad.

PD: !Qué aburrimiento sin cambios ni sorpresas! Qué bueno que haya cambio…

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2013-09-17T17:24:05+00:00