La reforma fiscal y la falta de innovación

//La reforma fiscal y la falta de innovación

La reforma fiscal y la falta de innovación

Acabamos de recibir el informe de la comisión de expertos para atender un cambio de reforma fiscal que sea mejor para la economía del país.

Si entendemos por mejora para la economía como aquello que reduce las diferencias entre clases y mejora el bienestar veamos cuanto de innovación hay en esta reforma.

Desde fuera y para el profano es una reforma que sigue tratando los mismos impuestos pero repartiéndolos de otra manera. Digamos las mismas cartas pero cambiando valores pues se suben unos impuestos y otros se bajan.

Pero ¿dónde está el por qué y la justificación de esta reforma fiscal? Es claro que faltan ingresos para el estado pues los gastos son mayores (Déficit público) y hay que seguir recaudando más impuestos aunque sea de diferente manera. Mucho me temo que no se busca una reducción recaudatoria global, lo que nos lleva a la pregunta de por qué alguien que no gestiona bien los impuestos tiene valor moral de exigir cambios.

La verdadera reforma fiscal empieza por la reforma moral de quien gestiona los impuestos. La duplicidad de servicios, las autonomías, las inversiones que solo son gasto y perdida de dinero, las empresas publicas sin servicios de valor claros y un largo, la élite política, etc. Solo quien demuestra la capacidad de gestión correcta de los impuestos puede ser valedor de su reforma.

Las empresas han reducido sueldos y personal, todas menos las estructuras políticas que en lugar de reducir su oferta siguen justificando sus beneficios y posiciones aunque sea creando problemas. Solo quien predica con el ejemplo puede ser valedor de pedir reformas a los demás.

Se llama, en esta reforma, a la igualdad impositiva y la reducción de tramos del irpf pero la verdad es que ninguna de estas modificaciones es pura pues va mezclada con los impuestos indirectos de productos tan necesarios para vivir como la renta que los compra. Solo aquel que demuestra la sencillez y la simplicidad de entendimiento de sus acciones es valedor de hacer dichos cambios.

En cuanto a las empresas se plantea una disminución de impuestos para atraer inversiones cuando hoy día las empresas continúan generando beneficios derivados de las rentas de los españoles que compran sus productos. Incluso generan beneficios con ayudas e inyecciones de dinero de los españoles. Solo aquellos que gestionan bien las empresas y benefician a sus clientes frente al resto pueden ser valedoras de reducciones fiscales.

Seguimos pagando por unos gastos de una gestión común europea que no existe como tal pues la igualdad europea debe de tener impuestos únicos e iguales para todas las empresas comunitarias, ya que la discriminación impositiva no solo ha sido causa de competencia desleal sino que además ha habido que rescatar a los países que la fomentaron. Empresas “europeas” que buscan pagar menos impuestos y salarios emigrando a otros países que no pueden cuidar a sus ciudadanos con igualdad y respeto. Solo aquellos que luchan por una moral global son dignos de hacer reformas para este fin.

Finalmente se propone tratar a los extranjeros mejor que a los propios españoles que con los impuestos de toda su vida han creado este país. Solo aquel que cuida a sus ciudadanos y busca la igualdad de los mismos, sean quienes sean, puede ser valedor de proponer cambios.

No parece que haya pues una reforma moral y social que sostenga estos cambios, con lo que de innovación no hay nada de nada. Incluso se vuelven a traer impuestos ya pasados que no sabemos si quiere decir que lo anterior era lo correcto y que ahora se equivocan.

“Recordar que la innovación es un avance continuo, la evolución del molino de agua fue el de viento y no volver hacia atrás al asno”

Si se busca la competitividad y la mejora de la productividad ésta no está en bajar los precios de los salarios y reducir costes que siempre serán más baratos en otros países sino en desarrollar mejor y en innovar.

La reforma ha de estar en el desarrollo de la innovación para reducir desigualdades sociales, para ganar sencillez y entendimiento, para que el ejemplo sea su refrendo, para hacer iguales a los ciudadanos y para defender una moral universal y no de hipocresía según fronteras.

Una reforma fiscal que cambia cromos y con dudosa moral por quien la promueve no parece ser la solución de los problemas de este país.

Con esta reforma nadie puede saber si el dinero en su bolsillo después de vivir aumenta o disminuye.

El problema no está en los ingresos sino en el uso que se hace de ellos y hasta que esto no cambie mucho nos tememos que nada cambiará.

 

 

2014-03-18T23:59:43+00:00